III Festival internacional “el mango “ en Pore-Casanare 14 y 15 Nov/2015.

La administración Municipal “ACCIONES CON SENTIDO SOCIAL”  ha proyectado la realización del III Festival internacional  EL MANGO, el cual se realizara   durante los días 14 Y 15 de Noviembre del año 2015, en el Marco de la celebración de los 371 años del Municipio de Pore,  evento en el cual se tiene previsto realizar las siguientes modalidades Artísticas:

  • Voz Recia Masculina Libre
  • Pasaje Inédito criollo Masculino o Femenino
  • Pareja de Baile Criollo Apretao.
  • Contrapunteo

El concurso se hará mediante invitación, se informará a cada concursante seleccionado con tiempo.

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PREMIACION

COD DETALLE VALOR
1 Primer puesto  VOZ RECIA LIBRE MASCULINA Y FEMENINA 2.500.000
2 Segundo puesto VOZ RECIA LIBRE MASCULINA Y FEMENINA 1.700.000
3 Primer puesto PAREJA DE BAILE 2.500.000
4 Segundo puesto PAREJA DE BAILE 1.400.000
5 Primer Puesto PASAJE INEDITO 3.000.000
6 Segundo puesto PASAJE INEDITO 1.800.000
7 Primer puesto COPLERO 2.500.000
8 Segundo puesto COPLERO 1.700.000
7 TOTAL 17.100.000

LADY PATRICIA BOHORQUEZ CUEVAS

Alcaldesa Municipal

 Reseña histórica Pore-Casanare

MANGO2

Con una extensión total de 780.37 Km2 el municipio de Pore se localiza al norte del departamento de Casanare. Limita por el norte con el río Guachiría y con el municipio de Paz de Ariporo; al occidente con el municipio de Támara; al sur con río Pauto y el municipio de Nunchía y San Luis de Palenque; al oriente con el municipio de Trinidad. Al igual que la mayoría de poblaciones en Colombia, se pondera la fundación oficial hispánica (05 de noviembre de 1644) sobre cualquier asentamiento prehispanico en el territorio. Queda distante de la capital Yopal a 71 kilómetros “Cuenta con dos cuencas hidrográficas: La cuenca del Guachiria corresponde al sector nororiental del municipio de Pore. La corriente principal es el río Guachiria que nace en la estrella hídrica del cerro Zamaricote, y desemboca en el río Meta, y otros afluentes como las quebradas los Curos y Guafalita, La Colorada, San Rafael. Y la cuenca del Pauto – Guanapalo, dentro de la cual podemos señalar las corrientes del río Pore, río Curama, y las quebradas La Jase y La Sequia”.
El municipio está subdividido en 25 veredas y el casco urbano. En la toponimia se destacan los nombres que están inspirados en la geografía del territorio, así como en particularidades de la historia de cada sitio como Guanabanas, Tasajeras, Alpes, Verde, Agua Linda, El Banco, Mata Larga, Brisas del Pauto, La Plata, Regalito, Miralindo, Retiro, Bocas del Pore; en comparación con otros municipios que ostentan nombres de santos, encontramos solo a San Rafael; y por fortuna se mantienen los nombres que evidencian la presencia de grupos nativos en la zona como Curama, Guachiría, Sequí, Vijagual, Amapora, Macolla, Curimina, Cafifies.
Culturalmente, ostenta dos designaciones como Patrimonio Histórico Nacional (resolución 41 de 1990); y Patrimonio histórico y Cultural de la nación (Ley 936 de diciembre 30 de 2004); el paisaje cultural que lo circunda es reconocido internacionalmente por su biodiversidad “bosques, sabanas, morichales, esteros, fauna y flora destacandose especies como el venado, la lapa, el picure, cachicamo, cajuche, tigrillo, gavilan, samuro,chiguire y muchas otras especies que conforma este hermoso ecosistema”

En la historia nacional, el municipio de San José de Pore ha ganado un espacio representativo gracias a dos condiciones; la primera, como centro de acopio y comercialización del tabaco, del cual tuvo una destacada participación en el siglo XVIII y hasta mediados del XIX; de hecho, el impuesto del Estanco proporcionó a la Corona española importantes ingresos por este concepto. La segunda circunstancia es sin duda la estratégica posición geográfica que permitió al Ejercito Republicano, que en cabeza de Simón Bolívar y de Francisco de Paula Santander, malograron el proyecto de restaurar los dominios de la Corona Española en América.

Los antecedentes históricos del territorio, se empiezan a documentar desde mediados del siglo XVII; la corona española inició su proyecto económico-evangelizador, por intermedio de encomenderos y comunidades religiosas como las de los Agustinos Recoletos, Franciscanos, Dominicos y los Jesuitas, quienes se internaron en diferentes épocas en la región y se dedicaron al proyecto evangelizador de comunidades primigenias que habitaban llanuras y piedemonte como la familia lingüística Guahibo y Arawac: hitnu o macaguane; ikuani o Guahibos; yaruro o pumé; wamone o cuiva; y y mitua o guayabero tribus organizadas a lo largo de la cuenca del río Orinoco. La segunda familia lingüística que habitaba el territorio era la macrochibcha: Achaguas, Betoyes, Tunebos, Morcotes, Tamaras, Laches, Guaceos, Sálivas, y Chitas, quienes se localizaban principalmente a lo largo de la Cordillera oriental sobre los departamentos de Arauca, Casanare y Meta. En el territorio de Pore, especialmente los U´was, Tunebo, Betoyes y Guahibo Sikuani. Estas comunidades indígenas coexistían en el amplio territorio, la mayoría sedentarias y con estructura social definida; se dedicaban a la pesca, la caza y la siembra de pan coger. Una característica especial de estas comunidades, relatada por Juan Rivero en su crónica sobre las misiones en el Casanare , es la forma en que vivían aislados en el monte, congregarlos en un solo sitio para evangelización fue el reto y el fracaso de algunas de estas misiones “Apenas llegaron á estos sitios, y ocuparon sus puestos, cuando cada uno comenzó a hacer alarde de su fervoroso celo, y luego, sin detención alguna, trataron de ir recorriendo las montañas, buscando las madrigueras, y recoriendo los rincones más retirados de aquellos países, para ir agregando cuantos pudieran, y formar las poblaciones con fundamento: bien se dejan entender las calamidades y miserias que pasarían los Padres en estos principios, en tierras incultas, aguas, montañas, entre tánta penetración de ríos, lagunas y ciénagas, sembrados los caminos de espinas, y abrojos, encontrándose á cada paso leones fieros, tigres formidables; tropezándose con víboras y culebras en numerosa multitud de especies diferentes, todas venenosas y mortíferas, que aunque son mucho mas apacibles estos territorios que los del Marañón y los Mamas, pero con todo, son comunes las inclemencias en estas soledades.”

La evangelización

No obstante a las circunstancias relatadas, el proyecto de evangelización fue un hecho. Desde distintas comunidades religiosas se enviaron permanentemente misiones a los llanos. En el libro Reducciones y haciendas jesuíticas en Casanare, Meta y Orinoco, su autor Felipe González argumenta que el modelo impuesto fue un estrategico binomio hacienda Vs. Misión, en la que la hacienda era una “unidad de producción constituida sobre la base de grandes adjudicaciones de tierras realengas y otros mecanismos de apropiación ( donaciones, compras, remates, ventas, permutas, composiciones y deslindes) cuya administración se realiza de manera independiente”

El auge mas representativo de la política evangelizadora se sobrevino sobre los siglos XVII y XVIII. Religiosos franciscanos, jesuitas, dominicos, agustinos y capuchinos se encaminaron hacia los llanos tras la conquista de las almas de los “gentiles” catequizando numerosas tribus, estableciendo reducciones, doctrinas pueblos y parroquias de blancos, que la mayoría de las veces desaparecerían o se trasladaban de un lugar a otro debido a lo malsano del lugar, los ataques de los indios o la fuga de los mismos que regresaban a su nomadismo, lo perecedero de sus construcciones con materiales naturales, sumando a una incipiente agricultura de carácter permanente. A partir de la segunda mitad del siglo XIX, de éstos centenares de pueblos: “No quedaban más de dos docenas, las demás habían desaparecido, con lo que se estaba probando que los Llanos no son tierra para pueblos y ciudades. De estas solamente sobrevivían San Juan de los Llanos (1556), Santiago de la Atalayas (1588) y San Martín del Puerto (1641), y de los pequeños pueblos Tame (1628), Arauca (1780), Pore 1644), Morcote (1586), y Medina (1620), entre los principales (Velandia 1991: 70)”

La comunidad que logró concentrar y evangelizar más fácilmente fue la compañía de Jesús quienes sentaron las bases de las principales haciendas “Caribabare y Nuestra señora del Campo de Tocaría, como soporte económico de la misión de Casanare; Santa Bárbara de Cravo y Apiay, esta última perteneciente al Colegio máximo de Santafé, como soporte económico de la misión del Meta; y la hacienda Carichana, para la misión de la Orinoquía.” En el territorio que nos ocupa, la hacienda Tocaría en el actual territorio de Nunchía y Caribabare con un área aproximada de 220.000 hectáreas (Casanare y Arauca); La actividad principal fue la ganadería y el comercio. La ubicación geográfica de la hacienda con sus ríos y afluentes al Orinoco les permitía la salida y entrada de mercancías por el Atlántico. El éxito de este proyecto se traduce en que contaron con una gran cantidad de mano de obra de bajo costo representada en población nativa vinculada por la figura del concertaje; así como población esclava. “Los ignacianos fundamentados en los derechos legales que adquirieron sobre tierras en el Casanare, Meta y Orinoco fueron capaces de levantar los sistemas económicos y sociales: las misiones- haciendas. Estas últimas sirvieron de soporte real a la labor extraeconómica, de índole religioso, social y cultural llevada a cabo en esas regiones”.

Sobre el año de 1767, se sobreviene la expulsión de los jesuitas de todas las colonias de la corona Española. La pragmática sanción de Carlos III dió origen a los inventarios de las Reducciones. Este Real Decreto en el que de manera tajante ordenaba…. “Se extrañen de todos mis dominios de España, e indias, Islas Filipinas, y demás adyacentes a los religiosos de la compañía de Jesús… y que se ocupen todas las temporalidades de la compañía en mis dominios”, uno de los documentos que formaban parte del Real Decreto era la instrucción de lo que deberán ejecutar los comisionados para dicho extrañamiento y ocupación de bienes y haciendas de los jesuitas. Entre varias disposiciones del documento, se encuentran las relativas a las misiones, donde se especifica en primera instancia que :“En todas las misiones que administra la Compañía se pondrá interinamente un Gobernador a nombre de S.M…..y resida en la cabeza de las misiones, y atienda al Gobierno de los Pueblos conforma a las Leyes de Indias (…) En lugar de los jesuitas se subrogarán por ahora, establemente Clérigos o religiosos sueltos con el sínodo que paga S.M. (…) “El que vaya nombrado Gobernador o Corregidor a la respectiva Provincia de Misiones, llevará el encargo de sacar de ellas a los jesuitas, dirigirlos a la Caja respectiva, a cuyo efecto se le deberá dar la escolta provisional competente.”

Pasado el extrañamiento de los jesuitas, las reducciones del Casanare pasaron a manos de los dominicos (salvo Pauto, bajo cuidado franciscano), las del Meta, al cuidado de los Agustinos Recoletos y las del Orinoco quedaron bajo el cuidado de los Capuchinos andaluces de Venezuela. Respecto a las haciendas todas pasaron de inmediato a la Junta de Temporalidades para su administración, y finalmente rematadas ese fue el caso particular de Caribabare, que fue dividida en 20 hatos, algunos de los cuales como el de “La Yegüera”, hoy conforman el municipio de Hato Corozal.

Todas estas descripciones nos permiten entender el carácter del hombre y de la mujer del llano del Casanare. Poco han cambiado las condiciones geográficas y sociales que moldean la identidad de nuestros territorios, aun hoy la descripción que en 1850 se hiciera del llanero se perfila vigente: “El habitante de estas planicies de llano abajo, constituye un tipo clásico en nuestra historia nacional: es el llanero, acostumbrado desde su infancia a domar el potro salvaje sin más auxilio que el rejo; a luchar con el toro bravío, coleándolo en plena pampa; a pasar a nado los ríos caudalosos, infestados de caimanes; a vencer en singular combate a las fieras. Los llaneros, robustos, con numen poético nada común, muy pocas necesidades, prácticos en el terreno y capaces de moverse con extraordinaria rapidez, fueron centauros y soldados aguerridos antes de haber visto un campo de batalla, de donde su importancia en la guerra magna y aunque esto ha variado con las armas modernas, son los únicos capaces de dominar en esas comarcas. Hacia la serranía el tipo se transforma poco a poco por el predominio de la agricultura, hasta desaparecer las caracteres indicados entre los que ya moran en los primeros estribos de la cordillera.”

Los llanos parecían muy lejanos de los valles del altiplano y los colonos españoles eran muy pocos hacia la mitad del siglo XVIII, el camino por Cáqueza permitía llevar un ganado que por la distancia de traslado era flaco. Por esto la importancia de las haciendas jesuitas que establecieron paradas en los caminos de conducción hacia Santafé. Estas haciendas se remataron en 1776, entre los criollos ricos, como el opulento marqués de San Jorge de Bogotá, cuando la expulsión de los clérigos. El marqués financió la expedición dirigida por José Antonio Villalonga, que restauró el mandato español después de la revuelta de los comuneros.
El gobernador de la provincia tenía un nombre poco común de olvidar, Luis de Caicedo y Flórez Ladrón de Guevara, por el año 1781. Pero la rebelión ya venía en camino, la gestión de Caicedo fue un fracaso y pronto se vio obligado a huir de la región. Apenas pudo cargar una recua de mulas, las que escoltaban los curas procurando internarse en el pie de monte.
Estaban alertados los nativos de Pore, Chire, Támara, Ten, Manare, Paya, Cravo, Pisba, Labranzagrande, eran una montonera ruidosa y mal armada. En su mayoría arcos y flechas con prominentes lanzas.
A los viajeros con el gobernador Caicedo, los encontraron y se repartieron las pertenencias guardadas en los baúles.

En el asentamiento de Pore, y otros lugares del llano el resentimiento de los indígenas estaba dirigido hacia los colonos blancos, y a lo largo de los caseríos en medio de hostilidades y aullidos amenazadores, los encerraban en las casas.
Esta revolución de los llanos era anti blanca y ferozmente anticlerical. En el altiplano no ocurrió esta situación puesto que los indígenas estaban más hispanizados.

Está señalado por los investigadores que la región era muy poco poblada en 1779, la población total de la provincia llegaba a unas 21 mil personas aproximadamente, de las cuales 14mil estaban clasificadas como indígenas, unos mil 300 eran blancos, otros 6 mil mestizos y más o menos un ciento de esclavos. Cuando la compañía de Jesús es expulsada, llegan los Dominicos, luego los Franciscanos y al mismo tiempo los Agustinos. Los indígenas estaban en precarias condiciones de fe y peor en tratamiento, en poco tiempo olvidaban los complicados arrepentimientos impuestos y cuando podían, le metían candela a las construcciones poniendo en plena carrera a los enviados “salvadores de almas”, asunto este que poco entendían.

En plena jarana de rebeldía se encontraban cuando les llegó la noticia que levantó su orgullo haciéndoles más poderosos en sus intenciones.
Nada menos que un gran rey se había proclamado, y era indígena!
El gran
Tupac Amarú, de la tierra de los Incas. Corrió la voz que desde la inmensidad de los dominios, allá en los Andes profundos estarían enviados unos nuevos guías espirituales que no oprimían porque eran hermanos iguales a los levantados en cada confín del llano. Se ordenaba que no volvieran a misas de curas, ni acudir a enseñanzas de catecismo.
Era tanta la euforia que en lugares muy apartados del llano y selva, los indios nombraron “capitanas”, las que dedicaban todo su ímpetu en hacer mal a las mujeres forasteras.

Desde el Cocuy al norte de los llanos, los capitanes generales enviaron una carta enardecida, seguramente adornada por el fervor del cronista encargado, a las aldeas de Támara, Pore, Ten, Manare, invocando el nombre mágico de Tupac Amarú el nuevo rey, coronado de todas las Indias:
“Les participamos cómo hay coronado Rey nuevo en las Indias, se llama el poderoso Don Josef Francisco Tupa Amarú y dicen viene quitando todos los pechos, y las demoras las hemos quitado nosotros a repulsa, quebrando botijas de aguardiente y quemando tabaco; y al administrador de la Salina le hemos quitado el dinero y lo hemos vuelto a sus dueños; así les avisamos que si el Gobernador les cobra las demoras no se las den, y si los quisiere castigar por eso, levántense contra él, y si no lo hacen así nosotros vamos a Santa Fe a hacerles la guerra a los santafereños y si cuando volvamos no lo han hecho así, iremos contra ustedes a hacerles la guerra. Les participamos que se han levantado muchos lugares: ciudad de Vélez, Villa de San Gil, el Cocuy, Mogotes, Santa Rosa y otros lugares.”
Ocho días antes de ésta misiva, el 15 de mayo en el lejano Cusco el “rey” Tupac Amarú había encontrado una muerte cruel a manos delas autoridades españolas pero esto no se sabía en la Nueva Granada.

Desde Pore a Guárico

Las administraciones coloniales y después todos los que han tenido que ver con el asunto, han casi borrado la historiografía y los vestigios del fundo El Caimán, en el hato El Corozo, en Guárico, Venezuela, lugar donde el sabio alemán Alejandro Von Humboldt, por el año 1799 reseñó en sus escritos lo que denominó una nueva etnia: el llanero.

En la obra de Ramón Páez, hijo del General Páez aparece como referencia el fundo La Yegüera, y sitúa el sitio el Caimán a 48 kilómetros de Ortiz vía Calabozo. Por esos lugares del estado de Guárico, se vivieron escenas de la guerra de independencia, en 1818 Bolívar les otorgó la cualidad de “invencibles” refiriéndose a los moradores de esta región. El coleo, el garrochazo, el estoque, adquieren por parte de estos pobladores una indiscutible forma de ser y sobrevivir sumada a un baile acompañados de la música de arpa. Son baquianos de estos llanos, que caminan con el pie al suelo, pasan ríos a nado, comen casabe o un tajo de carne dorada sobre maderos. Es en esos parajes que Humboldt escribe el etnónimo que les nombra como tales, es decir, allí le sacó “Partida de Nacimiento al Llanero.”

Bolívar adivinaba que se encontraba en un posible país con gran disposición a las letras y de vocación legislativa. En su conocimiento de las regiones bien pudo entender el temperamento y la actitud vocacional. Por esta capacidad se mantuvo al frente de un ejército tan diferente en su composición, colombianos, venezolanos, peruanos, ecuatorianos, y qué decir de los participantes extranjeros como ingleses, irlandeses, alemanes y otros.
“En la Nueva Granada, se escribe mucho y los jueces están siempre abrumados de trabajo” decía Sámano enojado “tienen una debilidad por hacer discursos…” y la historia se afirma: El congreso de la Nueva Granada le otorga a Bolívar el título de “Ciudadano de la Patria”, la cual aún no ha nacido. Le confiere sin vacilaciones el mando de las milicias, le entrega todo el armamento disponible y la oficialidad adolescente que iluminó los caminos con relámpagos de heroísmo: Ricaurte, Girardot…

Mientras tanto los burgueses en Santafé, le pedían a sus majestades españolas “que viniesen a reinar entre nosotros…”
Cabalga Bolívar por esas sabanas de Casanare al encuentro con Santander que le espera en Pore, salen a su paso correos que le afirman el deseo de incorporarse a la Corona, de muchos criollos; quieren esos insensatos ser parte de la monarquía.
A las noticias de inteligencia sobre las actividades del enemigo, se suma la constante preocupación por las deudas de la guerra.
Las noches de fogata, carne y algún vino permiten a Santander y Bolívar hacer inacabables tertulias, desde lo político a lo estratégico. El trabajo de mostrar la capacidad operativa fuera de las fronteras para así conseguir amigos y recursos. Los préstamos, los pagos, los contratos, las importaciones. Es bueno recordar que el mismo libertador preparó desde 1816 y llevó a efecto la Expedición de los Cayos, consiguiendo todo lo necesario, todo, al debe.

Y Santander, en permanente sumatoria de acontecimientos, recuerda los obstáculos superados y en la esencia de la carta fundamental que deben tener para poder gobernar serán los textos inspirados en la de Francia, o la Estados Unidos.
Pues No.
Fue la de Cádiz y aplica su memoria para recordarle al general el texto que dice:
“La nación española es libre e independiente
y no es ni puede ser
patrimonio de ninguna familia ni persona”.
Y la nuestra, agrega Santander, la del Congreso Constituyente de Cúcuta dice:
“La nación Colombiana es para siempre e irrevocable,
libre e independiente de la monarquía española
y de cualquier otra potencia o dominación extranjera:
no es ni será nunca el patrimonio de ninguna familia o persona”

Y repetían, para acentuar el convencimiento de los llaneros que escuchaban, sobre la terquedad de Fernando VII, al creer que Pablo Morillo y sus 66 buques y 15 mil soldados en esa arremetida de 1816 en Santafé, cuando mandó al cadalso a Antonio Villavicencio, Jorge Tadeo lozano, Custodio García Rovira y tantos más que estaban escribiendo la historia contra España, apagaría la llama en estas colonias.
Santander de 24 años, ya estaba en Casanare inventando un ejército

Y aún sacaban tiempo los genios para reír y mofarse de un personaje que aportó más de lo que pensaban a la causa, Francisco Antonio Zea.
Bolívar lo aprobó y encomendó misiones de resultados que la historia años más tarde le reconoció.
Era Zea, demasiado candoroso y franco, con mucho entusiasmo y desmedidas esperanzas, sin conocimientos de hacienda y comercio. Era un personaje estrafalario, nacido en Medellín, de profunda cultura humanística, versado en ciencias naturales. Con gran riqueza de expresión, su figura semejaba un búho o loro caviloso, caminaba recitando en latín versos escritos por él o de los clásicos. El libertador le decía graciosas consideraciones a su comportamiento, pero se concentraba en sus osados comentarios de gran clase que le hacían meditar sobre asuntos de guerra y estado. Luego de los acontecimientos de Boyacá fue enviado en misiones y sus resultados alteraron para bien de los granadinos, buena parte de la historia.
El antecesor de Zea, fue a dar a la cárcel por deudor moroso. Zea consiguió un empréstito de 2 millones de libras, en un negocio desfavorable que disgustó a Bolívar y Santander, pero restableció el crédito, requisito previo para abrir las puertas de Europa. Y fue más allá: ofreció gran parte del comercio del Nuevo Mundo a manera de licitación. “Si desean comercializar deben reconocer la independencia de América, una especie de guerra a muerte en lo comercial”.

Los planes del ascenso desde Pore y estas provincias, a la gran arremetida en las alturas de Boyacá, son discernidos, calculados, en medio de centenares de informaciones, de historias como la anterior que se tejieron al paso de los días de la campaña.
En estos amaneceres de llano, apenas los héroes soñaban con lograr el reconocimiento diplomático de Estados Unidos y de Inglaterra, estos sobrevinieron en 1822 y 1825.
Para mantener esta esperanza en el futuro se precisaban hombres convencidos y esto era parte del trabajo como comandantes. Reseñemos que en el año 1823, Santander designa a José María Obando para convencer a los bravos pastusos que renuncien a su intento de apoyar a la monarquía.

La conformación del ejército libertador en Pore por este año de 1819 tenía antecedentes, dentro y fuera de la Nueva Granda, las armas recolectadas, la pólvora, los caballos, el compromiso de Páez, la historia de cada uno de los coroneles, de las familias enteras que marchaban acompañando el campamento y disponiendo ganaderías que entraban a las listas de avituallamiento, pero claro, como deuda muchas de ellas; los curanderos improvisados, las riñas, el licor, los amoríos, todo bajo ese embrujo del canto apaciguador del hombre llanero, que no dejaba de admirar a los legionarios curtidos en otras tierras europeas, con nombres inolvidables como James Rook, Gregor Mac Gregor, Florencio O´Leary, John Devereux.
Cuando este pueblo bravo de Pore fue declarado, capital de la Nueva Granada, gentes que por aquí pasaban estaban cargadas de años de historias y luchas. En la memoria de los poreños están los fusilamientos que hiciera en la plaza principal el realista Matías Escute, de los patriotas Frutos Joaquín Gutiérrez de Caviedes, Francisco Escalona, Juan Salías, Joaquín Zerda, Justa Estepa y Luís Báez. Son recientes las batallas de Tocaría, de Tame y el ataque de Galea cuando disfraza parte de sus tropas con los uniformes de los realistas caídos en Chire y al toque de corneta se toma a Pore ante el estupor de los españoles que fueron derrotados.

Retomada la población y puestos los realistas en bandada, como una apuesta política se trabaja para lograr la mirada de benefactores que se unan a la causa. Pore es ahora el epicentro del accionar militar de los criollos. Santander toma la decisión de proclamarla como Capital de la Nueva Granada, el Decreto dice: “En la Ciudad de Pore a diez y ocho días del mes de diciembre de 1.818 reunidos en Congreso Provincial los representantes del Estado Libre de Casanare con arreglo a la nueva Constitución de Granada, para acordar a lo que mejor convenga a la salud de la Patria en las desgraciadas circunstancias de hallarse los demás Estados de la unión delos oprimidos por los amos españoles, cuya denominación injusta, violenta y arbitraria se ha comprometido del modo más solemne a repeler… y discutirán a presencia y bajo los auspicios del ser supremo.”
El texto está compuesto de 14 artículos, uno de los cuales dice “Artículo 7. El primer cuidado del gobierno provisorio de la Nueva Granada será el de levantar y disciplinar tropas y proveerlas de armas, municiones y vestuario a cuyo efecto empleará todos los fondos y recursos del Estado de Casanare y de las que sucesivamente se fueren libertando”. Envía Santander emisarios secretos para ordenar la confección de uniformes patriotas en poblaciones de Boyacá, ya había recibido sombreros tejidos para repartir como elemento distintivo de los patriotas, era parte de su tarea como administrador y estratega.
Como el confluir de un gran río venciendo tempestades Bolívar ordena, sabiendo que los resultados están siendo esperados en muchas partes del mundo, de esto depende América. Una serie de circunstancias climatológicas habían hecho que Bolívar apareciera en Pore el 22 de junio de 1.819 sólo con la mitad de los hombres que iniciaron la marcha. Se reacomodó allí con 2.500 combatientes a planificar la arremetida que los llevaría por el camino real de Tocaría, Nunchía, Morcote, Paya, Pisba, Pantano de Vargas hasta llegar finalmente al Puente de Boyacá.

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