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El adios de Oswaldo Bracho

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Un día se sintió enfermo y el médico le dijo que sufría de una colitis ulcerativa. Entonces vino una delicada operación en la cual le extrajeron el colon.
Su vida no fue la misma: comenzaron los cuidados, las dietas, pero en el fondo Oswaldo seguía siendo el mismo hombre feliz de siempre.
El de cotizas, pantalonetas y franelas en sus ratos de ocio. El que nunca olvida que pasó necesidades y que su vida la ha hecho a punta de esfuerzos como cuando sacó su primer trabajo, a la edad tardía de 26 años. El que recuerda que en su niñez no tuvo muchas cosas materiales pero sí el amor de sus padres.
Amor que se vio truncado por la separación de sus progenitores. Entonces tuvo que viajar con su madre y algunos de sus hermanos a Venezuela.
Allí se volvió venezolano, sacó cédula y prestó servicio militar. Después, se ganaba la vida como peluquero y cantaba y componía.
Desde pequeñito en Arauca, donde nací, siempre componía y cantaba. Cuando pasaba cualquier cosa en el pueblo le componía canciones. Y cuando había cualquier presentación en el colegio siempre salía a cantar , dice Oswaldo Bracho.
Se dedicaba a componer para que los demás cantaran hasta que un día alguien le pagó por cantar. Al poco tiempo grabó su primer trabajo, los periódicos lo reseñaban como la nueva figura de la canción venezolana.
Recuerda que cuando era Coromoto (su segundo nombre) se fue a presentar en Arauca y aunque era conocido por la música nadie había visto a Oswaldo Bracho.
Cuando niño todos me decían Coromoto. Entonces hasta que no salí al escenario mis amigos no supieron que era yo. Hubo mamona, música y parrando de tres días , relata Oswaldo.
El tiempo pasó y un día lo invitaron a venir a Bogotá. De allí pasó a Villavicencio. Una gira muy bonita terminada en tristeza: al llegar a Venezuela encontró que su madre había muerto.
Esto fue el entierro musical de Oswaldo Bracho. Su madre murió y no pudo verla por estar cantando. Entonces durante año y medio se negó a cantar y a componer. Se fue para un hato a trabajar en ganadería.
Lo invitaron a cantar y aceptó a regañadientes. Cuando terminó se sintió realizado. Creyó que ya había cumplido con su castigo y comenzó a sacar lo que había guardado durante más de 500 días.
Oswaldo se llenó de honores y fama. Llegaron las mujeres, cinco hijos con cinco distintas. Responsable, una mamá para cada hijo, dicen unos. Irresponsable, acota él, mi papá tuvo más de treinta hijos y yo no quería hacer lo mismo de él. Pero así es la vida .
Oswaldo volvió a Bogotá y al Llano. Ambas ciudades se convirtieron en su casa. Desde hace 18 años, por vida, por amigos y por ambiente ha vivido en Villavicencio. Por la parte profesional, en la capital del país.
Hace doce años consiguió a la mujer con la que decidió casarse y quien le ha dado sus últimos dos hijos (de los siete que tiene). Cambió su vida, más juicioso, más reposado pero siempre por delante su vida profesional.
Así hasta hace tres años. De los momentos críticos se aprende. empecé a saborear el cariño de mi familia. Disfrutar más a mis hijos, a mi esposa. Algo que no cambio ni por oro ni por plata .
En diciembre pasado, Oswaldo tuvo una recaída en su salud. Le detectaron una colangitis en el hígado. Existe la necesidad de un trasplante pero su tipo de sangre ha sido un gran inconveniente. Hubo una operación. Los médicos lo desahuciaron.
Y contrario a los dictámenes de los galenos, Oswaldo sacó fuerzas de donde no tenía y sigue componiendo y recibiendo el cariño de la gente y el de toda su familia, el que me mantiene vivo .
En los próximos días viajará a Cuba para probar otro tipo de medicinas y tratar de evitar un trasplante de hígado.
Sólo le pide a Dios (su más fiel acompañante) que le dé más vida para seguir compartiendo con su familia, cantarle a la mujer, al llano y defender el folclor hasta verlo donde se merece: que sea conocido en todo el país y en todo el mundo si se puede.

La música llanera acompañó siempre la vida del cantante araucano Oswaldo Bracho y ni siquiera la fría muerte pudo opacar el aire de parrando que lo siguió hasta su última morada.

Sin embargo, esta vez las alegres tonadas que él siempre cantó con alegría no podían disimular la tristeza y la nostalgia que embargaba los corazones de la multitud de personas que se reunieron para darle el último adiós al artista.

Hasta sus propias canciones, cambiaron por un momento sus letras en la voz de sus amigos para rendirle un tributo, a quien fuera uno de los mejores exponentes del folclor criollo.

Pañuelos blancos, rosas y lágrimas ambientaron la partida del cantante, quien falleció la madrugada del viernes, a los 48 años de edad, víctima de cáncer en el colón, enfermedad que Bracho batalló durante los últimos tres años.

Pero fue una lucha solidaria. Amigos y familiares siempre estuvieron ahí para ayudarlo y darle fortaleza. Fueron esos mismos amigos quienes lo acompañaron en una multitudinaria caravana, con cuatro, arpa y maracas, que lo llevó hasta el parque cementerio Jardines del Llano, sin dejar de lado una visita al colegio Juan Pablo II, donde alumnos y profesores le demostraron su gratitud.

Los últimos años de Bracho no fueron fáciles. Desde que se le diagnosticó la enfermedad, su vida no fue la misma pero sí su espíritu combativo que hizo que sus dolencias físicas no fueran un obstáculo para seguir cantando y componiendo, como lo hacía desde que era un niño en su natal Arauca. Su último trabajo fue Lágrimas del corazón , donde plasma gran parte de lo vivido durante el ocaso de su vida.

Y aunque cantó desde muy niño, fue solo a los 26 años de edad cuando grabó su primera producción discográfica, mientras se ganaba la vida como peluquero en Venezuela, país en el que vivió gran parte de su juventud.

Su carrera se vio solo interrumpida por la muerte de su madre, que ocurrió mientras él cantaba en Colombia. Entonces durante año y medio se negó a cantar y a componer y se marchó para un hato a trabajar en ganadería.

Pero su vena musical lo regresó a los escenarios, alcanzando fama y prestigio con temas como Quiero , Cuando me vaya , Seductora y Corazón valiente , entre otros. Conoció el amor y con él fueron llegando cada uno de sus siete hijos. Su vida transcurrió entre Bogotá y Villavicencio, ciudad donde estaban sus amigos y seguidores.

Siempre vivió con optimismo. Incluso decía que su enfermedad le había dado una lección: Con ella a sentir más el cariño de mi familia. Disfrutar más a mis hijos, a mi esposa Elizabeth. Algo que no cambio ni por oro ni por plata , dijo hace poco.

Poco antes de morir escribió un mensaje donde decía que le era muy difícil decir adiós, que no le fueran a tener lástima, que lo recordarán con cariño y que ojalá que su tumba no faltaran cuatro lirios blancos.

La música llanera está de luto, pero las canciones de Oswaldo Coromoto Borja Bracho seguirán escuchándose, porque si bien la muerte se llevó al artista nunca podrá apagar su voz.

Autor: NULLVALUE eltiempo.com

Una de las cosas que pidió Oswaldo Bracho antes de morir a su primo Fabio Cadena, quien lo acompañó en su lecho de enfermo durante los últimos meses de vida en Villavo, fue que no dejaran morir su música, pidió a éste que en cada grabación que  él hiciera grabase una de sus canciones.

Oswaldo Bracho marcó la huella en un lapso de la historia reciente del Joropo  Colombo-Venezolano,  fue enriquecedor para el género,  su estilo fue y será irremplazable, son dones de la misma naturaleza del ser humano, en ésta vida, que nos regala el creador del universo.

VISITAR EL PERFIL ACTUALIZADO DE OSWALDO BRACHO EN LLANOMIO.COM

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Categories: del folclor, Noticias

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