Juan Harvey Caicedo 1937-2003

Locutor, periodista y declamador nacido en 1937, en Santander de Quilichao, departamento de Cauca, Colombia. Caicedo estudió publicidad en los Estados Unidos y luego de regresar a su país se dedicó durante 45 años al oficio de locutor. Trabajó en las cadenas Caracol, RCN, en la emisora JHJCK y en Radio Metropolitana. En televisión se desempeño como presentador en “Nostalgia” y en el programa periodístico “Testimonio”.

Como actor participó en los largometrajes “El rio de las tumbas” de Julio Luzardo y en “El zorrero” de Alberto Mejía. Adicionalmente dobló con su voz numerosas producciones cinematográficas entre las cuales se encuentran: “La víbora” de Alfonso Gimeno y “Canaguaro” de Duna Kuzmanich.

La voz de Juan Harvey Caicedo se hizo muy popular en programas radiales como “Pase la tarde” y “La luciérnaga”, donde realizó imitaciones humorísticas. Fue además fundador y presidente de la Asociación Colombiana de Locutores.
En su trabajo como declamador, grabó numerosos poemas como “Tributo al Llano” y “Ser llanero cuesta caro”, que revelaban su pasión por la cultura llanera.

Tras un derrame cerebral, Juan Harvey Caicedo falleció el martes 21 de octubre de 2003, en su residencia en la capital colombiana. Será recordado como uno de los locutores y periodistas más importantes de Colombia por sus carrera y aportes a la profesión.

Fuente Centro Cultural de la Biblioteca Luis Ángel Arango


Colombia.com Cuando se habla de la radio en Colombia es obligatoria detenerse en una de las voces más queridas, la de Juan Harvey Caicedo. Fundador de la Asociación Colombiana de Locutores, ACL, pasó 45 años frente a un micrófono.

Caicedo nació en 1937 en Santander de Quilichao, departamento del Cauca. Se graduó como publicista en Nueva York, Estados Unidos y fue gerente de la agencia Poder Comunicadores. Sin embargo, fue un admirador de los diferentes medios de comunicación. Trabajó para RCN, radio Metropolitana, la JHJCK y Caracol. En televisión, fue presentador del programa "Nostalgia", en la década de los 80 y del espacio periodístico "Testimonio".

Además, participó como actor en la cintas: “El río de las tumbas”, de Julio Luzardo, en 1964 y "El Zorrero" de Alberto Mejía. No fue lo único que hizo en cine. Dobló con su voz varios largometraje, entre ellos, "La vibora" (de Alfonso Gimeno M. en 1960); "Canaguaro" de Dunav Kuzmanich (1981) e hizo la locución de cortometrajes: "Construyendo el mañana" (1962), "Imagen y sonido" (1970) de Julio Luzardo y Fernando Laverde; "Taganga" (1975) de Herminio Barrera; "Palacio de San Francisco" (1981) y "La ruta de los comuneros: Galán el caudillo" (1982) dirigidas por Herminio Barrera, sólo para nombrar algunos.
Su voz no sólo era recordada por programas como “La hora del amor”, “Pase la tarde” y “La luciérnaga”, sólo por nombrar algunos, sino por ser uno de los declamadores más aplaudidos. Apasionado por la cultura llanera se convirtió en uno de los declamadores más queridos del país. Al compositor araucano Héctor Paul Vanegas, le grabo más de 30 poemas. “La Doncella del Río”, “Ser Llanero Cuesta Caro”, “El Ánima de Santa Helena”, “El Caporal y El Espanto”, “La Demanda de Sandalio”, son solo algunos de los que más se recuerdan. El último evento de este tipo en el que participó fue en “Tributo al Llano”, donde se hicieron presentes los mejores exponentes de este género (Reynaldo Armas, Luis Silva, Aries Vigoth, Cholo Valderrama y Scarlett Linares).

Su muerte sorprendió a los colombianos. El martes 21 octubre 2003 hacia las 7:30 p.m. mientras estaba en su casa, al norte de Bogotá, falleció víctima de un derrame cerebral. Juan Harbey Caicedo estuvo casado con Gigliola, con quien tuvo dos hijas (Paola Rossana y Carmen Lucía), que también se dejaron seducir por el periodismo.
Se fue la 'voz' del romance llanero
A Juan Harvey Caicedo su voz lo llevó muy lejos, vivió de ella, como locutor y periodista durante casi 50 años. Además, incursionó en el humor y también en la lectura de versos. Y murió el martes, cuando acababa de terminar las correrías de Tributo al Llano, que lo llevaron por varias ciudades del país leyendo poemas o romances llaneros que se hicieron inolvidables en su voz como El ánima de Santa Helena o El caporal y el espanto.
Porque Caicedo, de 66 años, además de ser una de las voces más reconocidas del país, "se convirtió en una figura del folclor llanero", dice Héctor Paul Vanegas, músico y compositor, autor de más de 30 romances grabados por Caicedo a lo largo de tres décadas.
"Le estoy muy agradecido dice el compositor, que muchas veces lo acompañó tocando el arpa en sus grabaciones-.
Aunque jamás se aprendió un poema porque los leía todos, antes de él los romances llaneros se estaban perdiendo. El éxito de sus grabaciones motivó la aparición de muchos otros declamadores criollos, así que gracias a él, el poema llanero existe hoy en día. Y una región tan celosa de sus hijos como el Llano lo admitió como si hubiera sido hijo suyo".
Locutor y maestro de ceremonias por excelencia, Juan Harvey Caicedo escogió inicialmente la profesión de publicista. Esa voz tan ceremoniosa también podía ser dar pie. al humor ya que durante años se encargó de darles personalidad y vida con su voz al `Opita', al `Bobito', al profesor Masato Cocada y al Profesor Rico Rico en La luciérnaga, espacio radial de Caracol.
En La luciérnaga todos lo llamaban `Juanito', a pesar de ser uno de los mayores del grupo. "Era el más inquieto -recuerda Guillermo Díaz Salamanca-, el de los chicles y el pocillo de tinto con el que en traba invariablemente todos los días". Se dirigía a todos con un saludo invariable: "Quiubo mijo o mija" y como había sido capitán del ejército, cuando tenía reuniones, a veces llegaba uniformado al programa. Y como era maestro de ceremonias de tanto evento, al entrar a alguna oficina de Caracol se corría el peligro de encontrarlo a medio vestir, poniéndose el smoking.
"Era un profesor en todo el sentido de la palabra -dice Alexandra Montoya, compañera suya en La luciérnaga, a quien él mismo bautizó con el sobre nombre de `La patojita'-. Estaba pendiente de que utilizáramos las palabras correctamente. Me ayudaba a componer mis corlas. Yo le daba las dos primeras líneas y él me ayudaba para el remate. Tenía una gran sensibilidad, cuando había malas noticias se le aguaban los ojos, aunque trataba de controlarlo".
Durante su programación de ayer, Radio Caracol lo despidió con canciones. Cuando un amigo se va, sonó varias veces. Precisamente, uno de sus amigos más antiguos, su padrino de matrimonio, Alberto Piedrahíta Pacheco destacó entre sus cualidades, la disciplina en el trabajo. "Era un hombre pasado de revoluciones en seriedad-dijo Piedrahíta-,.pero fuera del trabajo le hacía honor al buen humor. Destaco su inmensa responsabilidad, el respeto por el oyente, el televidente y el lector. Esta pérdida me rompe el corazón, porque es ingrata la vida. Demuestra que se mueren los buenos y somos los malos los que nos quedamos".
Tomado del periódico El Tiempo, 23 de octubre de 2003

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  Tema: Testimonio
 

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Cantantes llaneros Colombianos

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